Friday, July 18, 2008

Saturday, December 23, 2006

Dormirse al amanecer,
despertar en el crepúsculo,
qué es al fin lo que yo busco
en mi eterno atardecer?

Todo te doy por amor,
¡Cielo! vuelve a desearme.
Ven de noche a despertarme,
dame tu dulce sabor

que endulza mi agonía
del vivir sin sentimiento.
Ven aquí alegría mía

que convives en tormentos
que mi alma yo te daría
si leyeras mi soneto.

Thursday, December 21, 2006

Qué haría la hembra cuando entrase en celo
Sin un macho que aparease aquel instinto,
Qué haría el poeta que sin su desvelo
No encuentra palabras que lo hagan distinto.
La mar sin arena para ir a dormirse
Cuando las estrellas despueblen su playa,
La lengua que busca, que busca y no halla
Una tibia boca donde ir a morirse.
Qué haría la tregua sin una disputa
Que logre que luzca su excelsa importancia
Y si la batalla ya no fuera injusta
La paz tan ansiada, perdería gracia.
Dónde iría el peregrino si extraviara
Esa fe que lo empuja a su destino,
Y si ya no hubiera lo triste y lo feo,
La belleza sería un cruel desatino.
Qué harían las sombras que pueblan la siesta
Sin esos veranos de los pueblerinos,
Que haría el que sufre sin alguna fiesta
Donde ahogar las penas con algún amigo.
Si no lo colmara de ideas y magia,
Que haría el vacío que duele y que arde,
O dónde pondría mi enorme nostalgia
Sin esos domingos de pena en la tarde.

Tuesday, December 12, 2006

Miradas

Se cruzan, se van, vuelven:
¡MIRADAS!
Serenas, francas, calmadas,
precisas y deseadas.
Se buscan, se encuentran, ven.
Directas y delicadas,
tristes, tiernas y saladas,
confusas y despiadadas:
¡MIRADAS!
Se mezclan, se evaden, huyen.
Hirientes o perturbadas,
mezquinas, sucias o soeces,
burlescas o vacilantes:
¡MIRADAS!
Se dicen, sueñan, presumen.
Veloces y desbocadas
se clavan en mis retinas:
¡Preciosas son tus pupilas
que lloran y luego callan!
Caprichosas, descaradas,
eternas y enamoradas...
¡te leo cien mil MIRADAS!

Thursday, December 07, 2006

Estás.

¿Qué piensas, dime, qué piensas,
que me rondas y me velas
en mi mente sin cesar?
¿Por qué te miro y me miras,
si aún mis ojos no imaginas
revolcándose en tu historia, al azahar?
¿Qué hemos hecho en otra vida,
que te siento conocida,
que no estás y estoy contigo, al soñar?
¿Qué otros vinos deleitaron
nuestras lenguas, labio a labio,
qué otro lenguaje hablaron
nuestras bocas, nuestros manos?
¿Por qué siento que este verso
se deshace cuál poseso,
ante la idea de verterse, así sin más?
...que la espera me impacienta,
me turba, espanta y aprieta
cuál tormenta que me arrasa hasta ahogar.
Por qué espero la bonanza,
por qué evoco a la esperanza
para cosechar las horas
de una vida, en la que por fin estás.

Wednesday, November 29, 2006

Sueños.


Dictarán mis palabras en el cielo
sentencias a la vieja y negra noche,
aullando el lobo a la luna un reproche,
volando al viento el cuento del sueño.
Y entonces llorarán todos los hombres
siendo lágrimas bajo el manto estrellas,
se detendrá el tiempo y también las horas,
y arderá el libro de los deberes
en otra parte, dónde los reflejos
contemplan retratos a tu manera,
romances que acunan entre mis versos
verdades juzgadas solo a mi vera;
Al lobo que espanta su bruno llanto
a oscuras le da el loco lo que quiera.

Monday, November 27, 2006

COSTUMBRES


No me voy a acostumbrar
si no me traes la cena.
Detrás de la barra del bar
te espía mi alma con pena.
No me voy a acostumbrar
a tu cuerpo en sal y arena,
ni a los cantos de sirena
que rompen olas del mar.
Ni a mis pies sin mis zapatos,
ni a los viejos retratos,
ni a tu olor, ni a tu llanto,
ni al sabor cruel y amargo
de tu piel y de tu sal.
No me voy a acostumbrar
a que llueva en el otoño,
ni al tener que trabajar,
ni al oso, ni al madroño...
y a no dejar de pensar
en tu tacto y en tus manos,
en tu voz y en tus labios,
y en esas cosquillitas
que me hacías con los dedos
cuando susurrabas a mi oido
viejas historias de tangos.
no me voy a acostumbrar
a saltar puertas de metros
ni a lanzar dinero al vuelo
si la brisa acompaña tu voz:
que lleva al cielo...
No me voy a acostumbrar
a cenar sola en un bar,
ni a buscar siempre en el suelo
tus pies desnudos,
y descalzar luego los míos
en un verso, en estrofa,
letra, palabra o cuento,
romance o soneto,
¡Qué más da! al fin,
no me voy a acostumbrar a tí,
lo sé,
y menos si ya no traes la cena.

Romance del hombre invisible.

Había un rostro anónimo cruzando
en el crepúsculo de la mañana
la penumbra de una sombra sin sombrero
que iluminaba una figura sin rostro
de un hombre en mañana de agosto
cuando el vino teñía de nostalgia
la tinta roja de todas las cosas.
Había un libro infantil en mi sueño
dónde sonaban siempre canciones mías,
más al volver sus hojas encontraba
la angustia muerta del amor risueño
de frías burlas, huecas y soeces,
en tribunal de jueces olvidados,
ajenos al placer, sordos al daño.
Yacía en mi memoria la piedad sincera
que danzando otra vez radiante y bella
obsequiaba con esa edad primera
dónde aún venturaban cristalinos
los manantiales de todas las fuentes
a la turbia luz del estival ocaso
que triste penetraba paso a paso.
¡Oh! Bien mío, se alargan ya tus tardes,
se secan las gotas del fresco rocío,
se deshojan tus hojas y mueren, hermosas,
se van para siempre tus verdes colores
y sangrientas se marchitan las rosas,
la noche ha escondido sus claros diamantes.
En el cielo hay estrellas que son flores,
y también hay estrellas que son almas
que se mustian y apagan
cuando la luz del cielo da a los ojos
soberana verdad de viejas horas
dónde se tejen pasado y pensamiento
en la augusta calma de mejores días
que fueron aquellos que nunca existieron
porqué tu eras el hombre invisible.