Wednesday, November 29, 2006

Sueños.


Dictarán mis palabras en el cielo
sentencias a la vieja y negra noche,
aullando el lobo a la luna un reproche,
volando al viento el cuento del sueño.
Y entonces llorarán todos los hombres
siendo lágrimas bajo el manto estrellas,
se detendrá el tiempo y también las horas,
y arderá el libro de los deberes
en otra parte, dónde los reflejos
contemplan retratos a tu manera,
romances que acunan entre mis versos
verdades juzgadas solo a mi vera;
Al lobo que espanta su bruno llanto
a oscuras le da el loco lo que quiera.

Monday, November 27, 2006

COSTUMBRES


No me voy a acostumbrar
si no me traes la cena.
Detrás de la barra del bar
te espía mi alma con pena.
No me voy a acostumbrar
a tu cuerpo en sal y arena,
ni a los cantos de sirena
que rompen olas del mar.
Ni a mis pies sin mis zapatos,
ni a los viejos retratos,
ni a tu olor, ni a tu llanto,
ni al sabor cruel y amargo
de tu piel y de tu sal.
No me voy a acostumbrar
a que llueva en el otoño,
ni al tener que trabajar,
ni al oso, ni al madroño...
y a no dejar de pensar
en tu tacto y en tus manos,
en tu voz y en tus labios,
y en esas cosquillitas
que me hacías con los dedos
cuando susurrabas a mi oido
viejas historias de tangos.
no me voy a acostumbrar
a saltar puertas de metros
ni a lanzar dinero al vuelo
si la brisa acompaña tu voz:
que lleva al cielo...
No me voy a acostumbrar
a cenar sola en un bar,
ni a buscar siempre en el suelo
tus pies desnudos,
y descalzar luego los míos
en un verso, en estrofa,
letra, palabra o cuento,
romance o soneto,
¡Qué más da! al fin,
no me voy a acostumbrar a tí,
lo sé,
y menos si ya no traes la cena.

Romance del hombre invisible.

Había un rostro anónimo cruzando
en el crepúsculo de la mañana
la penumbra de una sombra sin sombrero
que iluminaba una figura sin rostro
de un hombre en mañana de agosto
cuando el vino teñía de nostalgia
la tinta roja de todas las cosas.
Había un libro infantil en mi sueño
dónde sonaban siempre canciones mías,
más al volver sus hojas encontraba
la angustia muerta del amor risueño
de frías burlas, huecas y soeces,
en tribunal de jueces olvidados,
ajenos al placer, sordos al daño.
Yacía en mi memoria la piedad sincera
que danzando otra vez radiante y bella
obsequiaba con esa edad primera
dónde aún venturaban cristalinos
los manantiales de todas las fuentes
a la turbia luz del estival ocaso
que triste penetraba paso a paso.
¡Oh! Bien mío, se alargan ya tus tardes,
se secan las gotas del fresco rocío,
se deshojan tus hojas y mueren, hermosas,
se van para siempre tus verdes colores
y sangrientas se marchitan las rosas,
la noche ha escondido sus claros diamantes.
En el cielo hay estrellas que son flores,
y también hay estrellas que son almas
que se mustian y apagan
cuando la luz del cielo da a los ojos
soberana verdad de viejas horas
dónde se tejen pasado y pensamiento
en la augusta calma de mejores días
que fueron aquellos que nunca existieron
porqué tu eras el hombre invisible.

Sunday, November 26, 2006

Tuesday, November 07, 2006

Noviembre


Ya jamás quemará el sol
en mis manos enredadas
por cien mil rizos dorados.
Solo quedan las lágrimas
derrochadas en la orilla,
entre la noche y las sombras
de tu luna en mis pupilas.
Y por supuesto, las rimas,
húmedas en mis mejillas,
que deambulan perdidas
como tejido en el viento.
Y vuelvo a escuchar el eco
que me atrae a tu destino.
Trémula voz ya vencida
abandonada en el puerto
susurra en el firmamento
por los restos de los días.