COSTUMBRES
No me voy a acostumbrar
si no me traes la cena.
Detrás de la barra del bar
te espía mi alma con pena.
No me voy a acostumbrar
a tu cuerpo en sal y arena,
ni a los cantos de sirena
que rompen olas del mar.
Ni a mis pies sin mis zapatos,
ni a los viejos retratos,
ni a tu olor, ni a tu llanto,
ni al sabor cruel y amargo
de tu piel y de tu sal.
No me voy a acostumbrar
a que llueva en el otoño,
ni al tener que trabajar,
ni al oso, ni al madroño...
y a no dejar de pensar
en tu tacto y en tus manos,
en tu voz y en tus labios,
y en esas cosquillitas
que me hacías con los dedos
cuando susurrabas a mi oido
viejas historias de tangos.
no me voy a acostumbrar
a saltar puertas de metros
ni a lanzar dinero al vuelo
si la brisa acompaña tu voz:
que lleva al cielo...
No me voy a acostumbrar
a cenar sola en un bar,
ni a buscar siempre en el suelo
tus pies desnudos,
y descalzar luego los míos
en un verso, en estrofa,
letra, palabra o cuento,
romance o soneto,
¡Qué más da! al fin,
no me voy a acostumbrar a tí,
lo sé,
y menos si ya no traes la cena.
No comments:
Post a Comment